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Las crueles formas de explotación a animales
Por: LA VEGANA
Saturday, Mar. 20, 2004 at 12:34 AM
LIBERACIÓN ANIMAL
EN DEFENSA DE LOS QUE MÁS ABAJO ESTÁN
CÓMO SE EXPLOTA HOY A LOS ANIMALES NO-HUMANOS El llamado movimiento por los Derechos de los Animales, o de Liberación Animal defiende la necesidad de que los intereses de los animales sean tenidos en cuenta y justamente valorados, disfrutando del debido respeto y protección legal. Algo completamente distinto de lo que hoy en día, lamentablemente, ocurre. Tan cerca de nosotros como ignorada, pocos tenemos la oportunidad de conocer la situación que estos padecen. Recibimos mucha información (en documentales, revistas, etc.), sobre cómo viven algunos animales en estado salvaje a muchos kilómetros de nosotros, pero ignoramos por completo cuál es la situación que padecen aquellos que se encuentran a nuestro lado. Y no precisamente porque sea poco lo que hay que contar, sobre ésta. Los abusos más brutales son la norma en los ámbitos más diversos: granjas peleteras o de producción de carne, leche o huevos, centros de experimentación, zoos, circos, corridas de toros... como las asociaciones por los derechos de los animales hemos venido denunciando en cada caso. Una realidad tan cotidiana como habitualmente ignorada. El problema es que todas estas situaciones, lejos de constituir contextos puntuales de abuso, responden a una actitud común, que ha sido denominada como especismo. Mediante este término, acuñado hace treinta años por distintos autores especialistas en la cuestión del estatuto moral y jurídico de los animales, se entiende el prejuicio y discriminación contra los animales (o más adecuadamente, ¡ya que también los seres humanos lo somos!, contra los demás animales, los animales no-humanos). Con esta idea se pretendería olvidar lo que todos sabemos que no sólo los seres humanos, sino en general los animales somos seres con la capacidad de experimentar sufrimiento o bienestar, con un semejante sistema nervioso, con intereses propios. Es por esto por lo que cada uno de nosotros debe disfrutar de una serie de derechos fundamentales: a la vida, a la libertad, a no ser maltratado... Si hablamos de sufrimiento, la cuestión no es si podemos hablar, ni siquiera si podemos razonar, sino tan sólo, evidentemente, si podemos sufrir. Y es así como los derechos de los animales deben ser tomados verdaderamente en serio, no siendo reducibles a una tímida preocupación por su bienestar. Lo cual comienza por abandonar su concepción como objetos a nuestra disposición para ser utilizados (esto es, tratados como útiles, como meros recursos). Algo que contrasta con la situación actual, ya que la crueldad con los animales no es la excepción, sino la norma, lo ordinario. Los siguientes son tan sólo algunos ejemplos de ello: LA INDUSTRIA PELETERA Cada año cientos de millones de animales ven sus vidas segadas para enriquecer el negocio peletero. Existe el mito, promovido por este, de que los métodos que esta industria utiliza en la actualidad son ya humanitarios y éticos, alegando que ahora los animales que esta obtienen viven vidas felices y son sacrificados sin sufrimiento alguno. La triste realidad, como veremos, tiene bien poco que ver con esta ilusoria ficción. Muchos de ellos son capturados con trampas como cepos metálicos afilados, los animales que caen en ellas, sienten de repente como unas fauces metálicas saltan sobre su cuerpo. Pueden así ser lenta y dolorosamente asfixiados, o pasar varios días atrapados, sufriendo intensamente tanto por la herida producida por el cepo como por el hambre, o el frío es el miedo y angustia que sienten. Tanto es así que muchos se auto-mutilan, mordiéndose e incluso desgarrando el miembro atrapado (patas, rabos, etc...) para liberarse, todo lo cual es un claro síntoma de la desesperación y sufrimiento del animal. Y, como es obvio, no sólo los animales con pieles vendibles caen en los cepos: cualquiera puede morir o ser mutilado por estos (pájaros, animales domésticos como perros o gatos, o incluso seres humanos...), acabando el negocio peletero con la vida de un inmenso número de animales. El resto de los animales que esta industria usa anualmente son criados en granjas industriales. En estas, desde que nacen, disponen de un espacio absolutamente ridículo, reducido al mínimo. Esto enloquece y angustia hasta el extremo a este tipo de animales (como son zorros, visones, mapaches y un largo etc.) Y cuando decimos que enloquecen no estamos simplemente utilizando una expresión hecha: De hecho, estos animales, así enjaulados manifiestan claros síntomas de esto, como son los denominados "comportamientos estereotipados", consistentes en la repetición constante durante horas de movimientos mecánicos y sin sentido alguno: girar sobre sí mismos en círculos cerrados (el mayor desplazamiento que el reducido de las jaulas les permite), morder con reiteración su propio rabo hasta herirlo seriamente, agitar espasmódicamente sus patas y cabezas... Aparte de todo esto, lo más común es que el suelo de las jaulas esté fabricado de malla metálica, para poder eliminar de un modo más cómodo los excrementos de los animales. Este material metálico provoca profundos cortes en las patas de los animales, que se encuentran así constantemente inflamadas o en carne viva. ZOOS Y CIRCOS: PRISIONES PARA LOS ANIMALES La vida en un zoo es penosa y antinatural. Animales que recorren en su medio cientos de kilómetros se ven también confinados de por vida en jaulas de mínimas dimensiones. Cautividad será siempre sinónimo de tormento para ellos, pues sus necesidades no pueden estar nunca cubiertas. Padecen también un clima que puede ser muy distinto del suyo. Padecen soledad, aburrimiento estrés... Entre los que peor lo pasan se encuentran los delfines y otros animales acuáticos, condenados a minúsculas piscinas, angustiantes para ellos, de “agua sintética” (cuyo cloro irrita y daña irreparablemente su piel y ojos, quedando medio ciegos). Un zoo solo enseña al público que está bien mantener en jaulas y sufriendo a los animales. Nada puede mostrar sobre cómo viven realmente éstos, pues, presos como están, su vida en nada se parece a la que llevarían en libertad. Por otra parte, los zoos, que son vendidos como un instrumento para la conservación de determinadas especies, lejos de contribuir a esta causa, actúan en su contra, al contribuir de un modo significativo, al comercio y tráfico internacional de animales, el tercero en importancia tras el de drogas y armas, que amenaza directamente la vida y la libertad de miles de animales a lo largo de todo el planeta. La situación en los circos es aún, si cabe, peor. Toda la imagen de alegría y color de estos oculta en realidad el modo en el que los animales pasan sus tristes y cortas vidas entre abusos y privaciones, en jaulas igualmente minúsculas, de las que pueden salir sólo para su adiestramiento y actuación. Los "trucos" que se obliga a realizar a los animales son antinaturales y físicamente dolorosos y estresantes para ellos. Sólo debido a los duros y continuados castigos físicos que padecen acaban por actuar de tal modo. En las lastimosas sesiones de preparación de los números circenses los látigos, porras eléctricas, mordazas, grilletes y collares apretados, cadenas, varas de castigo, y toda una larga serie de "herramientas de adiestramiento" son la norma. En muchas ocasiones son drogados para ser más "manejables”. Otros sufren amputaciones dentales o de sus patas. Su final es igualmente cruel. La asociación Elephant Alliance refiere el testimonio de un empleado del "Circo de los Hermanos Ringling" sobre cómo en este se trató a un animal: "Ella era una dulce e inocente osa parda que nunca hacia daño a nadie... Pero a veces tenía problemas para mantenerse en equilibrio sobre el andamio. Entonces la golpeaban con largas varas de metal hasta que acababa sangrando e chillando. Se volvió tan neurótica que batía su cabeza contra a su pequeña jaula. Finalmente murió". En estas condiciones no es raro que sucedan casos de rebelión por parte de estos animales. Hace seis años, en Ponferrada, un elefante desbocado mataba a una niña pequeña. En 1994, en EEUU, una elefante huía matando a su adiestrador e hiriendo a otras 13 personas. Por otro lado, cada vez hay más circos que, tomando consciencia de todo esto, llevan a cabo exclusivamente funciones con números libres de animales, como el Circo de Alejandra Botto o la Escuela de Circo de Ferrol. LA CRÍA DE ANIMALES CON FINES ALIMENTICIOS También en las granjas de cría para la producción de carne y otros productos animales (lácteos, huevos, paté...) las jaulas de dimensiones reducidas al extremo son la norma (hasta cuatro gallinas son amontonadas en el espacio de un periódico abierto). En estas no pueden hacer ningún movimiento normal (girarse, estirar las alas, tumbarse...) También aquí la reja del suelo de estas daña y mutila sus patas, que sufren heridas y deformaciones hasta el extremo de quedar definitivamente soldadas al metal (de modo que al ir a matarlas se las tengan que arrancar). Son alimentados con restos de mataderos, papeles de periódicos, serrín y hasta pequeños restos de plástico. Viven rodeados de montañas de excrementos y compañeros muertos no retirados. Morirían de infecciones múltiples de no ser por la tremenda cantidad de antibióticos y químicos que se les administran. Finalmente, llegan a los mataderos, agotados por un viaje apelotonados al que muchos no sobreviven; aterrorizados por los gritos y olores de los otros compañeros muriendo. Allí son colgados de las patas (que frecuentemente se les rompen), cortándoles mecánicamente el cuello en un completo estado de consciencia. A menudo este proceso falla, al estar los animales retorciéndose y agitándose, siéndoles amputadas otras partes de su cuerpo –ojos, boca,...- y los animales son finalmente despellejados, hervidos, desplumados o despedazados cuando aún están vivos. Ante todo esto, cada vez hay más gente que ha rechazado el consumo de estos productos, optando por una dieta vegetariana o vegana (que rechaza todo producto animal). Para lo cual hay aún toda otra serie de motivos más. El primero de ellos, el hambre en los países pobres que fomenta el consumo de carne: la demanda de carne hace aumentar el precio del grano a un coste que los países pobres no pueden pagar, pues aquél es empleado para criar animales para aquellos países más pudientes. 10 hectáreas de tierra pueden alimentar a 61 personas con legumbres, pero sólo a 2 dedicándolas a comida para ganado. En relación con esto tenemos que para la producción de carne es necesario desaprovechar millones de hectáreas de bosque tropical para o convertir en pastos o plantaciones de forrajes, siendo este uno de los factores principales de deforestación y desertización en el planeta. Lo cual rebate también incontestablemente el argumento de que la liberación animal “olvida” a las plantas, pues, como vemos, una dieta vegetariana emplea una proporción mínima de vegetales en comparación con otra que incluya la carne, de modo que si nos preocupásemos tan sólo por las vidas de las plantas, dejando de lado a los animales, habríamos de optar también por el vegetarianismo. Finalmente, el abandono de los productos animales es igualmente beneficioso para nosotros mismos. Hoy en día se reconoce que la alta incidencia de las enfermedades cardiovasculares está directamente relacionada con el consumo de productos animales. El colesterol y las grasas saturadas de origen animal, se acumulan en el interior de las arterias, pudiendo llegar a ocluirlas (se estima que renunciar al consumo de carne puede prevenir hasta el 97% de las oclusiones coronarias). Otra lista interminable de enfermedades como la artritis arteriosclerosis, osteoporosis, y un sinfín más están ligadas directamente al consumo de productos animales, ocupando un lugar significativo el cáncer de colon, páncreas o estómago. A esto hay que sumar los efectos de los antibióticos, hormonas, tranquilizantes y demás químicos administrados a los animales, así como el contagio por la carne de otras dolencias -encefalopatía, salmonela, E-coli, etc.- Todos los nutrientes necesarios están en abundancia en los alimentos de origen vegetal, y los vegetarianos gozan por lo general de una mejor salud. En palabras de Albert Einstein: "Nada beneficiará tanto a la salud humana ni incrementará más las posibilidades de supervivencia de la vida en la tierra como la evolución hacia una dieta vegetariana." UNA NUEVA ACTITUD ES NECESARIA En definitiva, los anteriores son tan sólo los ejemplos más extendidos de explotación de los animales, pero ésta se extiende a muchos otros campos (corridas de toros, caza y pesca, peleas...) y continuará mientras siga vigente la ya comentada mentalidad especista. Sin un rechazo de esta, toda defensa de los animales resultará carente de contenido real. Por ello es necesario entender lo equivocada que ésta se encuentra. El especismo descansa fundamentalmente en la creencia en que la superioridad de las posibilidades intelectuales humanas justificarían utilizar al resto de los animales como meros objetos y para cualquier fin. Mas lo cierto es que muchos seres humanos (discapacitados mentales, enfermos de Alzheimer y un largo etc.) carecen de tales capacidades (incluso llegando a manifestar muchos animales no humanos aptitudes iguales o mayores). Es más, aunque cambiemos de criterio de exclusión, no va a existir característica alguna que nos sitúe a cada uno de los seres humanos por encima del resto de los animales. Ya sea el lenguaje, la autoconciencia... siempre habrá algún humano privado de ella. De modo que tales criterios no pueden ser válidos: de basarnos en ellos justificaríamos el maltrato y la explotación de estas personas, algo totalmente intolerable. Así, la capacidad que nos haga a los seres humanos merecientes de atención moral y legal, solo podría ser, por lo tanto, la de poder sufrir y disfrutar, que también tienen los animales. Y lo que resulta claro es que, si existe algo a lo que podamos llamar ética, no puede haber criterio alguno que autorice un trato distinto a individuos dotados de las mismas capacidades. De esta suerte, no podrá resultar aceptable ninguna práctica humana que agreda a otros animales de un modo que no permitiríamos si, en lugar de ellos, los afectados fuesen seres humanos igualmente dotados. Hay quien ha afirmado que poner de relieve esta cuestión supone un insulto a todos estos seres humanos privados de las características curiosamente propuestas por ellos mismos como moralmente relevantes. En realidad, son ellos, los defensores del especismo, quienes están ultrajando, y muy gravemente, a éstos, al defender un criterio que los relega al rango de meros objetos. Quien discrimina por razón de la racionalidad a otro animal, lo hace también al ser humano menos inteligente. La única actitud coherente es la de respeto por unos y otros. De este modo, queda claro que la defensa del especismo resulta incompatible no sólo (como es lógico) con los derechos de los animales, sino de los propios derechos humanos.
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